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La Óptica es,
por definición, la parte de la ciencia que
mejor entra por los ojos. El mundo se
presenta ante el observador en una sucesión
de imágenes dotadas de formas geométricas,
color, simetría y movimiento. Y el ser
humano aprovecha toda esa información para
aprehender el pulso natural de la vida.
Las artes plásticas son, sin duda, la
sublimación perceptual del sentido de la
visión, y en buena medida, su fuerza y
carácter se basa en los fundamentos que
permiten describir la naturaleza de la luz y
su interacción con el ser humano.
En la obra gráfica presentada encontramos un
despliegue alegórico del ente luminoso. La
luz, descompuesta en colores casi
espectralmente puros, se reconstruye en
torbellinos pulsantes, en repetidos dobleces
espaciales que acentúan la simetría de la
composición. La sucesiva disminución de la
escala espacial remeda composiciones
fractales, inherentes a la geometría de los
objetos naturales, y los colorea con
explosivas volutas de arco iris.
Dos son los elementos básicos de la obra
gráfica presentada: el color y la simetría,
y ambas son partes constituyentes del
entorno natural que soporta a la descripción
de la luz.
Con estos dos elementos el autor representa
estados visuales de impresionante matiz
onírico: esencias de pensamiento visual,
secuencias caleidoscópicas donde la pureza y
fuerza de los colores se aposenta en la
geometría para ocupar el lienzo, como
fluyendo.
Me ha llamado la atención el formato: todos
son cuadrados, y sin embargo en la obra hay
un desarrollo, a veces muy sinuoso, hacia el
círculo. Tiene su gracia y su fuerza
expresiva... Como estoy casi seguro de que
el autor no se habrá dado cuenta tiene más
valor, porque de forma intuitiva ha manejado
conceptos y formas que son de carácter más
"universal". Y si lo ha hecho a posta, pues
enhorabuena por saber manejar esas ideas.
Francisco Javier Alda Serrano
Catedrático de la Escuela Universitaria de
Óptica.
Universidad Complutense de Madrid. |